La verdadera amenaza: 70 mil años de evolución humana están en riesgo

No es sólo la extinción de especies o la contaminación de mares y ríos: es la evolución humana lo que está en inminente riesgo de destrucción.


Según los investigadores, hace 70 mil años (obviamente es un dato aproximado) vivimos una gran revolución que nos llevó a ser lo que somos hoy como especie: la revolución cognitiva. Allí fue donde los homo sapiens -como le decimos a nuestros abuelitos- empezaron a marcar diferencia real con otras especies. En otras palabras, empezamos a dejar de ser cavernícolas para volvernos civilizados.


Haga la cuenta: 70 mil años para que yo pudiera escribir esto y usted lo pudiera entender (la escritura) y para que pocos segundos después de escrito lo pueda leer cualquier persona del mundo sin tener que pasar por la imprenta (inventada en 1440). Lo grave es que en cuestión de minutos, todos esos años maravillosos que hoy nos permiten ser lo que somos, se pueden ir a la mismísima mierda (perdón por lo de mismísima).

No exagero y lo que voy a afirmar a continuación tiene bases científicas e históricas que cualquiera puede confirmar. Podemos tener todo el conocimiento, todas las normas, toda la tecnología, todo lo que quieran, pero hay algo que mantenemos intacto desde la época de las cavernas y que nos hace regresar allá: el miedo.

La escena de un grupo de médicos, ingenieros, abogados y cualquier cantidad de insignes representantes de nuestra más bella modernidad, armados con palos, espadas, pistolas o escopetas defendiendo sus apartamentos, es una escena prehistórica ¿No deberían estar pensando y usando su conocimiento para otras cosas, en lugar de actuar como salvajes a pesar de sus justas razones?

Si nos atreviéramos a describir lo que estaríamos dispuestos a hacer o a permitir que otros hagan en nuestro nombre cuando nos vemos amenazados, deshonraríamos al primero de los homo sapiens. El miedo es nuestra más profunda debilidad, es nuestro Talón de Aquiles. El problema no es que lo neguemos o nos de pena reconocerlo; lo grave es que quienes lo saben, usan ese mecanismo para doblegarnos. Pero espere.


No suspenda la lectura porque a su mente lleguen pensamientos como “este tipo es antisistema”, “comunista” “izquierdoso”. Créame que lo que sigue le va a interesar. Para continuar, cito al cantante Ismael Rivera: “mi musica no queda ni a a derecha ni a la izquierda, tampoco da las señas de protesta general”, sólo espero que este texto y mi vida sea: “linda música para ti”.


Lo que nos está pasando va más allá de una ideología política: es real que muchas personas están excluidas de las oportunidades, abandonadas a su suerte. No existe desacuerdo en las cifras de inequidad, el desacuerdo está en lo que ellas significan y en si debemos o no hacer algo al respecto. Pero ese no es el tema del que quiero hablar. El problema de la exclusión no es sólo el hambre o la mala educación o el desempleo: es el miedo, es la amenaza a la propia existencia.

A donde quiero llegar es a que nos comprendamos desde esta realidad: unos y otros tenemos miedo y estemos donde estemos, es el miedo el que nos amenaza. Miedo a morir de hambre, miedo a perder los bienes, miedo a perder la salud, miedo a perder el poder. En una orilla o en la otra, si quitamos todas las capas de la cebolla nos encontramos a un ser humano desnudo y tembloroso. Los palos, las piedras o las tanquetas sólo son los escudos de nuestro más profundo miedo.

Yo marché el 21N y lo hice sin motivo. Cuando reviso la lista de reclamos, casi ninguno me afecta directamente. Pero es ingenuo (por no usar otro término) creer que “ese no es mi problema”. No es sólo un tema de mi consciencia, es la síntesis de nuestra supervivencia biológica y moral. A este punto, me atrevo a afirmar que incluso me importa más la vida moral que la biológica, pues he comprendido que no me interesa vivir de cualquier manera.


Podría concluir diciendo que el miedo es un tema personal, que con meditación, oración o prácticas de control emocional, podemos resolver el problema. Sería un chiste de mal gusto. El hambre es real y no se supera con meditación ni con oración. A lo sumo se distrae por un tiempo. Casi siempre, cuando apelamos a estas técnicas es porque tenemos resuelto lo demás.

Mientras sigan existiendo masas hambrientas y excluidas, en un lado, y acumulación excesiva en unos pocos, de otro lado, la supervivencia humana estará en riesgo. La razón es simple y no la dicta ninguna ideología: el secreto de nuestra evolución no es la inteligencia individual. Ningún homo sapiens por inteligente que fuera habría sobrevivido solito. Es la cooperación la que nos ha permitido llegar hasta aquí.


Si en lugar de profundizar en nuestro individualismo (que no es más que miedo) usáramos nuestra inteligencia para ayudarnos unos a otros, no me cabe duda que estaríamos todos tranquilos. Ahora bien, la meditación o la oración sirven en primer lugar para hacernos caer en cuenta de esa consciencia superior, la misma que nos lleva a ver en el otro a un ser humano tan digno como yo. Un efecto colateral es un mejor manejo de nuestras emociones, que para el caso de la rabia, por ejemplo, me permitiría darme cuenta que ella es sencillamente miedo. En la meditación o en la oración me puedo encontrar con ese ser humano desnudo que soy y puedo ver también a ese ser humano desnudo que el otro es: sea el más poderoso o el más humilde. Y ¿qué pasa luego? Que en esa consciencia descubrimos que el mayor poder no está en disfrazarnos de poderosos, sino en amar. No es un tema romántico ni idealista, en nuestra base psicológica más profunda sólo hay dos emociones que guían nuestros actos: el miedo y el amor. Y ¿qué es el amor? Lo que queda cuando no hay miedo,

No me cabe duda que nuestra inteligencia, basada en el amor, nos podrá llevar a construir un país incluyente, a sanar las heridas de unos y otros, y a liberarnos del miedo que a unos y a otros nos atormenta. El sólo hecho de ver al ser humano que se esconde tras el encapuchado o tras el acorazado agente de de la Policía, ya cambia completamente el modo de actuación y de opinión.


Si nos atreviéramos a salir de las trincheras de nuestro temor, podríamos ver al otro en su desnudez, respetarlo, conversar con él, escucharlo. Esto es ser moderno, ser civilizado. Lo contrario, por más poder, lujos o títulos con los que nos disfracemos, no es más que comportamientos cavernícolas.


Hernán Restrepo Mesa

No hay dificultad que suficiente amor no pueda conquistar...

Ninguna puerta que no se abra con suficiente amor,

ni brecha que un amor suficiente no consiga cerrar,

ni muro que con bastante amor no se pueda derribar...

No importa cuán profundo sea el problema

ni cuán grande sea el error:

un amor suficiente lo resuelve todo.

Y si pudieras amar lo suficiente,

serías el ser más feliz y poderoso del mundo.


Emmet Fox, escritor irlandés

243 vistas
  • Blog ConlaGente
  • Instagram
  • Facebook ConlaGente
  • YouTube ConlaGente

Información presentada a la DIAN en calidad de ESAL