Hace tiempo no veía tanta felicidad

Viernes 20 de marzo de 2020


Y no imagino la felicidad que habrá esta noche. Es increible que para tantas personas, un pequeño gesto signifique tanto. Hoy tuvimos una de las jornadas más intensas y más bellas de nuestras vidas. Hubo un momento donde mi hija, quien nos acompañó, lloró de felicidad.


Protegidos con guantes y tapabocas, salimos esta mañana a conseguir víveres para hacer mercados básicos para las familias del Barrio Bello Oriente, el último barrio de la Comuna Nororiental de Medellín, habitado por familias desplazadas y más recientemente por 600 familias venezolanas.


Cuando supimos de la cuarentena anoche, Janed y yo conversamos sobre la cantidad de familias que viven del diario: vendedores ambulantes y personas que prestan servicios humildes y que literalmente, si un día no trabajan o les va mal, esa noche y quizá el día siguiente no comen. Bello Oriente está lleno de familias que viven así.


Hace unas semanas estábamos llevando un material de construcción y acompañando una reunión comunitaria, y al finalizar una persona me abordó. Yo lo conocía. Avergonzado me pidió 3.000 mil pesos. No sólo me llamó la atención que me pidiera, sino que solicitara una cifra tan exacta, caminé unos pasos con él apartandolo de las demás personas y le dije que él sabía que nosotros no ayudabamos de esa manera. Casi sin dejarme terminar me dijo que eran para recargar la energía de la casa.


Todo se me estremeció por dentro. Yo sabía que había un sistema de energía prepagada, pero como tantas cosas que sabemos pero no entendemos, nunca había dimensionado cuánto eran 3 mil pesos de energía y la dificultad de una familia para conseguirlos. Mis servicios públicos, valgan lo que valgan, se debitan automáticamente de mi cuenta de ahorros. Fui con él a una tienda y recargamos la energía de su casa. Le pedí que no le contara a nadie y se que así lo hizo.


Me es inevitable imaginar a las familias encerradas en un rancho sin luz y sin comida este fin de semana y no se cuánto tiempo más.


Recorrimos los barrios de la ciudad comprando víveres de tienda en tienda porque las grandes distribuidoras de abarrotes estaban desbordadas y sólo entregaban pedidos para la otra semana. Pero fue muy interesante poder comprar a los tenderos y apoyar esta economía. Con todo lo que nos cupo en el carro llegamos hasta donde Milena, Líder Administrativa de ConlaGente, quien nos estaba esperando con una voluntaria para organizar los mercados en una cancha, al pié de una estación de policía.


Logramos hacer 36 mercados básicos y entregamos raciones en los semáforos a no sabemos cuantos vendedores de Vive100, BonIce, chicles, limpiadores de vidrios. Les juro que no recordaba tanta felicidad en estas personas. Una mujer brincaba y giraba como si se hubiera ganado la lotería. Cuando entregamos todo, seguíamos mirando el rostro de otros vendedores en los semaforos y guardábamos silencio.


Son las 6:30 PM y acabamos de hablar con Guillermo y con Arnulfo, líderes de las Fundaciones Waima y Palomá, encargadas de entregar los mercados. Me dicen que están esperando la llegada del camioncito que contratamos para subir los mercados  pues el vehículo en el que estábamos no tiene la fuerza para llegar allá. Se les sentía la emoción en la voz, no encontraban palabras para agradecer.

Les dijimos que era el aporte de muchas personas.


No imagino la alegría de esas 36 familias que, gracias a la solidaridad de tantos, podrán tener algo para comer este fin de semana de Cuarentena.


PD: Conseguimos velitas y candelas para incluir en los mercados.

Y queremos continuar.

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